Los principios y las fases del Design Thinking

El Design Thinking ha dinamizado el mercado de los negocios con eficacia y dinamismo. Son muchas las empresas del mundo entero que están haciendo uso de esta metodología para conseguir crear nuevos productos o dar solución a todo tipo de problemas.

Si en nuestro negocio todavía no lo hemos adoptado, necesitaremos conocer sus principios y las distintas fases en las que se divide su implementación en la empresa.

Los principios del Design Thinking

En todo momento, el Design Thinking gira alrededor de la experiencia de usuario, estando basado en unos principios divididos en cuatro reglas:

  • La regla humana: Toda la actividad relacionada con el diseño, sin importar el tipo de contexto en el cual se esté aplicando, se trata de una experiencia social. Al mismo tiempo, cualquier tipo de innovación social pondrá de manifiesto la importancia de adoptar un punto de vista centrado en el humano.
  • La regla de la ambigüedad: No hay nada que pueda eliminar la ambigüedad o someterla a un proceso de simplificación, porque la ambigüedad es inevitable. Al experimentar para comprobar cuáles son los límites de las habilidades y el conocimiento de un individuo es como se consigue ver las cosas desde distintos puntos de vista.
  • La regla del rediseño: “Todo diseño es un rediseño”. Hay que comprender que por mucho que las circunstancias sociales cambien o la tecnología evolucione con el paso del tiempo, las necesidades básicas de los humanos siempre son las mismas. Por lo tanto, lo que estamos haciendo es rediseñar la manera de satisfacer estas necesidades.
  • La regla tangible: El uso de prototipos que materialicen de una manera tangible las ideas que tenemos ayuda a los diseñadores a que las puedan comunicar con eficacia.

Estos principios los definieron Harry Leifer y Christoph Meinel, que han ayudado a que el Design Thinking se extienda y entienda con una mayor facilidad.

Las fases del Design Thinking

Teniendo en cuenta las reglas sobre las que se asienta el Design Thinking se establecen cinco fases que sirven para llevar a cabo su incorporación en la empresa: enfatizar, definir, idear, prototipar y probar.

Enfatizar

Este es el punto de inicio del Design Thinking. Se trata de los cimientos del proceso de cinco fases y deposita su atención en el aprendizaje de aquello que necesita el usuario. Se analizan sus necesidades y sus objetivos para poder comprender a los individuos a todos los niveles, tanto emocionales como psicológicos. Es una fase importante, ya que de forma habitual los diseñadores tienen una serie de ideas supuestas que no favorecen a la búsqueda de la satisfacción del usuario. Por lo tanto, el diseñador dejará de lado esas suposiciones que le lastran y buscará un punto de vista real acerca de la persona a la que busca satisfacer.

Definir

Ahora vamos a unificar todas las ideas que hemos obtenido en la fase anterior. Las juntamos para intentar que, entre todas, tengan sentido. Hay que entender todo lo que tenemos ante nosotros, buscar patrones y visualizar la forma en la que esta información se podría utilizar para resolver los problemas de los usuarios. El objetivo es definir el problema que tienen los usuarios y no buscar la solución al mismo, al menos no de momento. En esta fase solo hay que darle cara e identidad al problema que debemos superar.

Idear

Llega el momento de ser creativos, de dar forma a ideas, de permitir que la mente comience a crear y a reunir la máxima creatividad. En este momento hay que derribar muros y no ponerse ningún tipo de límite. Cualquier idea es buena, sin importar el punto de vista desde el cual esté planteada. Son válidos todos los métodos de pensamiento y las formas en las que queramos llegar a pensar y dar forma a ideas. Una vez saquemos de la chistera todas las ideas que podamos tener, estaremos en posición de hacer una pequeña selección de las candidatas que podrían contar, entre ellas, con la elegida.

Prototipar

Tras el punto anterior tienes entre manos las ideas seleccionadas, aquellas posibilidades que podrían llegar a materializarse como la solución al problema. Pero todavía hay algo que hacer: se tienen que poner a prueba. La manera de hacerlo es a través de la experimentación, creando prototipos tangibles que sirvan para comprobar la viabilidad de las ideas y su margen de posibilidades de éxito.

Los prototipos se valoran desde distintos ángulos y se pueden utilizar de varias maneras. Pueden ser aceptados, lo que significaría que hemos dado en el clavo con rapidez. Podrían mejorarse con cambios, rediseñarse en su totalidad manteniendo solo la esencia básica y, por supuesto, descartarse. Esto último será necesario a fin de ir eliminando prototipos que comprobemos que no cumplen con lo que necesitamos.

Probar

Este tampoco es el paso definitivo en todos los casos, pero sí lo que dejará al equipo de diseño con un resultado tangible que pueda llegar a convertirse en la solución. Tras el prototipo, se puede dar forma “definitiva” a la idea que hemos creado con la intención de ponerla a prueba de una manera real.

No hay que sorprenderse si, después de la prueba, regresamos a las fases previas con la intención de introducir cambios o modificaciones que permitan llegar a una idea final más acertada. Es frecuente que, cuando vemos la idea completada, se nos ocurran otras cosas que antes no habían pasado por nuestra cabeza. Por ello, se impone paciencia y esfuerzo hasta conseguir un resultado que ofrezca la máxima satisfacción.

2021-08-19T15:02:47+02:00